La semana pasada tuve la oportunidad de ir a una conferencia muy interesante impartida por el Lic. Juan Pablo Pérez Solórzano, referente a la Generación Z, que dentro de poco comenzará a robarle la atención a los tan famosos millenials. Lo confieso, mi interés y curiosidad eran meramente personales porque yo tengo hijos en ese rango de edad, pero me sorprendí al ver lo estrechamente relacionado que estaba el tema con mi trabajo de reclutamiento y selección de talento, un ámbito donde día a día todo cambia y se revoluciona. Conocer mejor a la Generación Z, que ya comenzó a ser económicamente activa, fue una sorpresa principalmente porque los millenials han venido a acaparar la atención y los nervios de los gerentes de recursos humanos en los últimos tiempos.


¿Qué características poseen estos individuos nacidos entre 1996 y 2010?

La Generación Z nació con un celular en la mano y una tablet en la otra. Son seres digitales que ven a la PC como algo del pasado. La mayor parte de su tiempo transcurre frente a una pantalla, por lo que su forma de comunicarse con el mundo es a través de WhatsApp, les fascina YouTube y todas las maravillas que puede enseñar al mundo. Como algunos miembros de esta generación ya comenzaron a ser económicamente activos, ¿qué nos espera con ellos en el ámbito laboral? La buena noticia es que quieren permanecer largo tiempo dentro de sus puestos de laborales, les interesa mucho el medio ambiente y el trabajo colaborativo y no son considerados tan rebeldes ni tan hedonistas como sus antecesores.

Hasta ahí todo va muy bien, puedo incluso escuchar un suspiro de alivio de un gerente de recursos humanos al no tener que estresarse por pensar cuánto tiempo va a permanecer un “Z” en sus filas laborales, pero hay un pequeño detalle: la Generación Z es la más dependiente de sus padres que ha existido hasta el momento; justamente a través del mismo WhatsApp que los acompaña desde su más tierna infancia, envían mensajes a sus progenitores para que los iluminen con su sabiduría: Los llamados “padres helicóptero” porque vuelan alrededor de sus hijos todo el tiempo.

¡Y ándale! Es aquí cuando las cosas comienzan a descomponerse: padres acompañando a sus hijos a la universidad para inscribirlos, enviado currículos a los reclutadores para que les den una oportunidad y lo más inverosímil: ¡acompañándolos a sus entrevistas de trabajo! Quizá esto último, cuando lo escuché por primera vez, creí que era muy exagerado pero luego vino a mi mente una ocasión en que hice una contratación con un padre de familia enseguida. No sabía a quién dirigirme, si al hijo, el futuro empleado, o al papá, quién me miraba con cara de sospecha, para informarle acerca de los términos de la contratación y solicitar su aprobación a ver si estaba de acuerdo con el trato. Cuando hablé sobre este acontecimiento con un gerente de recursos humanos, también me platicó de varios casos que le había tocado presenciar: desde ofertas rechazadas por razones como: “mi papá dice que yo debo de ganar más aunque no tenga experiencia”, hasta “¿va a durar mucho la entrevista? es que mi papá me está esperando afuera en el carro”. No, no son escenas sacadas de la serie “The Twilight Zone”, son casos de la vida real.

Aquí puedo imaginar a los gerentes de RH levantando una ceja y súbitamente extrañando a los millenials quienes, a pesar de sus desplantes, son capaces de tomar decisiones por sí mismos y ser independientes; después de enjugarse una lágrima, esperarán estoicamente lo peor.

¿A quién le tenemos que echar la culpa de esta nueva generación de niños grandotes en edad laboral? Pues ni más ni menos que a mi adorada generación, la Generación X, que crecimos en medio de crisis económicas y viendo el mundo como algo amenazador. Nosotros protegemos a nuestros hijos como gallos y gallinas para que no sufran ninguna frustración, sin entender que las frustraciones nos ayudan a crecer y que resolver nuestros propios problemas nos da confianza en nosotros mismos. Pensamos que el mundo sigue siendo amenazante y que nuestros hijos son incapaces de enfrentarlo.

Pero no todo son malas noticias ni el mundo se caerá en pedacitos (podrán notar que soy una digna representante de la Generación X). Como padres de familia tenemos la responsabilidad de ser conscientes de lo que estamos haciendo y rectificarlo criando hijos independientes y capaces de tomar decisiones propias. Como profesionistas podemos entender la problemática y comenzar a adaptarnos a esta nueva generación completamente digital para beneficiar a las empresas con sus puntos fuertes y trabajar con ellos en sus áreas de oportunidad.

Al final de cuentas, considero que cada nueva generación trae un regalo a nuestro mundo, un regalo que nos obliga a adaptarnos a los cambios. ¡Bienvenida Generación Z!



Autora: Ines Velasco - Reclutamiento y Selección de Personal

Corrección de Estilo: Alba Nidia Batista

Foto de portada: Kev Costello